martes, 3 de marzo de 2009

La soledad me llama

La soledad no solo es estar solo, también es sentirse, por momentos solo. Las personas que te rodean no necesariamente espantan la soledad.
La soledad, mi vieja compañera. Hace años que me llama e intento combatirla. La veo venir susurrante, callada, ánonima. Presiento como me envuelve y por fin... ha embadurnado todo mi mundo. Solo puedo volver a los viejos poemas que me rescaten e impregnen mis ojos con sus nuevos horizontes... leer a Kiplig siempre me hace rejuvenecer y llenarme de vida:

"Nosotros podemos hacer buenas todas las pérdidas

excepto la pérdida de retroceder.

Así que, entre estos Diablos y nuestro mar,

Permitamos que atentas trompetas den

la bienvenida a la descortesía del Destino;

por ella se verá que

cómo en todo el tiempo de nuestro dolor

y de nuestra liberación también,

el juego es más que el jugador que lo juega,

y la nave es más que la tripulación

(Rudyard Kipling, "A song in storm" - Una canción en la tormenta).


Este poema siempre ahuyenta mis soledades y me llena de energía para salir al mundo, para enfrentarme a la soledad... para desterrarla aunque sea por algunas horas... leer... leer me sirve para ahuyentar a la soledad a mis viejos demonios o para huir... huir hacia otros lugares, otros mundo, otras perspectivas... solamente huir.

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